Los likes van a desaparecer, ¿los influencers también?

Hoy mismo he descubierto una cuenta de Twitter que se llama Memes de hace una década. El primer pensamiento (el que ha precedido a un raro ataque de nostalgia) ha sido el siguiente: cómo hemos cambiado en solo diez años. Digo esto porque con las redes sociales ha pasado algo idéntico. En apenas una década hemos trazado la siguiente genealogía de uso: Fotolog o Metroflog – Tuenti – Facebook – Instagram.

Adiós a los likes

Y pasado ese tiempo, seguimos sin entender nada. Ahora, el próximo avance, el que más suena, es el de la eliminación de los likes. No la eliminación definitiva, ojo. A priori la cuestión será la siguiente: solo tú verás los likes; el resto de la gente solo podrá ver el post y los comentarios.

La prueba ya ha sido puesta en marcha en países laboratorio como Australia, Brasil, Canadá, Irlanda, Italia, Japón o Nueva Zelanda. Y en función de cómo respondan los usuarios de estos países, está prevista la adaptación al resto del mundo.

¿Los motivos de este cambio? Instagram se parapeta, fundamentalmente, en dos razones. La primera recuerda al camello que te da gratis la primera dosis y luego te dice que hay que pagar. Dicho de otra forma: Instagram quiere que nos rehabilitemos de los mecanismos tóxicos de las redes sociales y si nos quitan los likes es para que subamos fotos sin compararnos con nadie.

Influencers-estafa

La segunda razón es la que da nombre y sentido a este artículo: para acabar (o al menos intentarlo) con los influencers-estafa. Los influencers-estafa son esa categoría de seres que, por ego, por dinero o por cualquier otra razón compran likes indiscriminadamente. Esa compra de likes se adereza de unos cuantos billetes metidos a comprar seguidores y ¡pum! ya tenemos al influencer-estafa creado.

Sabido el cambio que va a haber en Instagram y sabidas las razones por las que se va a llevar a cabo, ha llegado la hora de responder a la pregunta: ¿están los influencers condenados a la desaparición? La respuesta, como diría un gallego, es la siguiente: depende.

¿Y de qué depende? Básicamente de la inteligencia de quien contrate a los influencers porque, mal que les pese a muchos, los influencers seguirán insistiendo porque (aunque fuera con otro nombre) siempre han existido.

O sea, a fin de cuentas la pregunta que importa (cambie o no cambie Instagram) es ¿quién tiene la culpa? La culpa la tiene quien engaña y eso es innegable; pero quien es engañado en pleno 2020 también tiene algo de culpa. Quiero decir: estamos sepultados en aplicaciones, webs, empresas de medición y de analítica y no obedecer a esos parámetros en estos años es, con perdón, del género idiota.

Entonces y definitivamente, respondiendo a la pregunta: ¿van a desaparecer los influencers? No. No van a desaparecer. Los influencers-estafa lo tendrán más complicado para engañar a las empresas-crédulas, pero los influencers no van a desaparecer. Es más, la perspectiva económica está al alza: en 2022 se prevé (en toda la industria) una facturación de 20.000 millones de dólares –mientras que en 2016 se movieron 500 millones–.


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